Poblenou acoge un encuentro único entre productores, sumilleres y protagonistas de la alta gastronomía
Hay un momento, en ciertos eventos dedicados al vino, en el que la cata deja paso a la escucha auténtica.
Eso fue justo lo que ocurrió el 9 de marzo 2026, en el precioso local Roc35, cuando Caskadia abrió su jornada dedicada a la excelencia enológica: un momento en que la copa se convierte en diálogo y la singularidad del productor y del terroir toman protagonismo.
La iniciativa, concebida para celebrar el décimo aniversario de las alianzas entre Caskadia y su catálogo de bodegas de referencia, procedentes de España, Francia, Italia, Alemania, Grecia y Australia, reunió a sumilleres y enófilos de toda la península: un público exigente, habituado a distinguir la esencia de la mera apariencia.

Desde Galicia hasta la Borgoña, pasando por el Ródano, Alsacia, Champagne, Loira, Piamonte, la Toscana, Abruzzo, el Véneto, Baden, Santorini y Gippsland, cada región cobró voz gracias a la altísima calidad de los vinos presentes.
Lo que realmente dio vida al evento fue el recorrido de un productor a otro: se percibía una clara apuesta por la identidad, una historia detrás de cada botella y un profundo respeto por la viña y por el vino como resultado de un sueño hecho realidad.

En el Piamonte, Antoniolo, Cavallotto y Crissante Alessandria ofrecían distintas lecturas del Nebbiolo, siempre marcadas por la elegancia, la precisión aromática y una admirable capacidad de expresar el carácter de Gattinara y el Langhe. Dal Forno Romano confirmaba por qué sigue siendo una referencia absoluta de la Valpolicella contemporánea, con vinos de enorme concentración y extraordinaria longevidad. Castello dei Rampolla y Stella di Campalto demostraban dos maneras profundamente personales de entender la Toscana: la primera, con un histórico compromiso con la agricultura biodinámica y la tradición del Chianti Classico; la segunda, con un Brunello 2016 de gran sensibilidad y finura, Stella di Campalto es de los productores más buscados de Montalcino. Emidio Pepe, por su parte, recordaba que el tiempo continúa siendo uno de los mejores aliados del Montepulciano d’Abruzzo cuando se trabaja con convicción y paciencia.

Francia desplegaba, una vez más, una diversidad difícil de igualar. La Grange de l’Oncle Charles reafirmaba el extraordinario momento que vive Alsacia a través de vinos de enorme energía y personalidad. Bessin-Tremblay, Domaine de la Cras, Ledy Vins y Domaine Rougeot ofrecían distintas interpretaciones de la Borgoña, siempre unidas por la búsqueda de la precisión y pureza. Antoine Sunier demostró la finura que puede alcanzar la Gamay en el Beaujolais; Domaine Alain Voge reivindicaba la profundidad de la Syrah del Ródano septentrional y, desde el Languedoc, Mas Mellet y Domaine des Deux Clés mostraban una viticultura mediterránea cada vez más refinada, donde frescura y equilibrio sustituyen definitivamente a la sobreextracción. Hay que destacar, también, la asistencia de Marlène Soria, propietaria de Domaine Peyre Rose y productora icónica del Languedoc. Château Cazebonne confirmaba el renovado impulso de una parte de Burdeos comprometida con la recuperación de variedades históricas, mientras Terra Vita Vinum representaba con brillantez el gran potencial del Chenin Blanc trabajado con mínima intervención. Champagne Régis Poissinet aportaba una interpretación artesanal de la Pinot Meunier, basada en el trabajo parcelario y el respeto absoluto por los principios biodinámicos.

España defendía con orgullo una viticultura cada vez más conectada con el origen. Cava Mestres ponía en valor el larguísimo envejecimiento como seña de identidad de sus espumosos, Ca l’Apotecari reivindicaba una mirada garagiste sobre el Priorat y Familia Seoane Novelle trasladaba la frescura atlántica gallega a vinos de gran pureza y marcada identidad.
El recorrido encontraba también interesantes acentos internacionales con Peter Wagner, una voz dinámica de Baden; Hatzidakis, imprescindible para comprender la variedad Assyrtiko y la singularidad volcánica de Santorini; y Bass Phillip, productor de culto en Gippsland cuyas interpretaciones del Pinot Noir figuran entre las más prestigiosas del hemisferio sur. Incluso Grassl Glass encontraba su espacio en la jornada, recordando que la elección de la copa no es un detalle accesorio, sino una herramienta indispensable para optimizar la percepción aromática y la experiencia sensorial del vino.

Más allá de las diferencias entre regiones, emergía una sensibilidad compartida: vinos precisos y vivos, definidos por la búsqueda del equilibrio antes que la extracción, por una madurez controlada antes que exuberante, y por una elaboración capaz de acompañar la expresión varietal sin imponerse sobre ella.
Las charlas con los productores dejaron claro que la viticultura actual está atravesada por fuerzas poderosas: la sostenibilidad, la biodiversidad, la adaptación al cambio climático y la valorización de las variedades autóctonas. Cuestiones que hace tiempo dejaron de pertenecer exclusivamente al ámbito técnico para influir de forma tangible en las decisiones del viñedo y en el perfil de los vinos. La frescura y el placer inmediato se consolidan hoy como algunos de los valores más apreciados tanto por profesionales como por apasionados.

En el apartado gastronómico, el evento reunió a chefs y profesionales de algunos de los establecimientos gastronómicos más relevantes del país, restaurantes y wine bars entre los más destacados de Barcelona y de España, en una cita pensada para que el vino dialoga de tú a tú con la cocina. La propuesta culinaria apostó por una cocina precisa y contemporánea, fiel al producto y con la vista puesta en dejar sitio al vino.

Cada equipo puso su sello con una cocina directa, centrada en la materia prima; y otros con propuestas más técnicas y de autor, tejiendo un recorrido en el que cada plato buscaba su propio diálogo con la copa.

Especialmente destacada fue la presencia de algunos de los equipos de sumillería más reconocidos del país, reflejo del peso que tiene la selección de vinos internacionales en las cartas hoy en día y la oferta cada vez más creciente y potente de vinos de pequeño productor y de producción limitada en España. Más allá de estilos o tendencias concretas, todos compartían una misma idea de fondo: el vino como parte de la experiencia, capaz de acompañar sin imponerse y, en los mejores casos, de descubrir matices nuevos tanto en el plato como en la propia copa.

Para cerrar el evento, la música en directo del pianista argentino Lalo Zanelli, junto a su hija Margo, enriqueció el ambiente festivo y aportó un toque de clase que, para quienes fuimos invitados, terminó de consolidar la imagen de Caskadia como una distribuidora que sabe hacer las cosas bien.

Todos ellos, y muchos más, engrandecieron una jornada que, más que una cata, fue un foro para hablar del vino sin tapujos y un espacio de convivencia donde profesionales y apasionados compartieron una misma pasión. ¡Gracias, Caskadia!
Eleonora de Bertoldi
